Estaba en mi despacho, intentando concentrarme en el trabajo, pero mi mente no se enfocaba en nada más que en la ausencia de Esmeralda. Desde que la eché de mi vida, desde que ya no beso sus labios ni siento su piel, la calma se ha vuelto un lujo inalcanzable. Esa maldita mujer de Esmeralda Salvatierra me ha robado la paz. Debería estar rogándome que regrese a su lado, pero en lugar de eso, parece que intenta rehacer su vida como si yo fuera a permitir que me olvidara.
La puerta de mi oficina s