Juntos al infierno.

Estela decidió ir a casa por su cuenta; no quería estar pegada a su esposo mientras consolaba a su hija. En el camino, se cruzó con Mario, quien vestía un traje informal y tenía el rostro distraído, con ojeras marcadas en sus ojos.

-¡Hola, Estela!- saludó Mario con una tristeza que lo embargaba.

-Mario, cuanto lo siento, de verdad lo siento mucho. Estela le dio un abrazo a Mario, quien realmente necesitaba consuelo después de perder a su madre, Raquel.

Permanecieron abrazados unos momentos en s
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