La voz ansiosa de Tiesto llegó a través del teléfono:
—Ella, ¿dónde estás?
—¿Necesitas algo?
—Tenemos que hablar. Te lo explicaré todo.
—No quiero verte —respondió Ella, temiendo que, si lo veía en persona, lo perdonaría demasiado rápido.
Imaginaba que todas sus defensas se derrumbarían en cuanto lo tuviera delante y acabaría creyendo cualquier cosa que él dijera.
Necesitaba tiempo para calmarse, para enfrentarlo con la mente despejada y distinguir la verdad del engaño.
—Ella, ocultarte mi iden