La manzana que Ellen estaba pelando se le resbaló de las manos y cayó al cubo de basura.
Lo único que quedó entre sus dedos fue la tira de cáscara.
—Lo siento —se apresuró a explicar Ella—. Tomé tu cabello a escondidas para hacer la prueba. Teníamos miedo de que, si no era verdad, te diera falsas esperanzas.
—Por eso solo vine a decírtelo después de tener la confirmación.
La voz de Ellen tembló.
—Ella…
—Lo siento por tomar tu cabello sin pedir permiso.
Ella había pasado días pensando en cómo de