—¿Te gusta? —preguntó Ella, con los ojos brillando de ilusión.
—Me encanta. De verdad, me encanta. Gracias, esposa —dijo Tiesto mientras la abrazaba.
—Bueno… la mitad la pagué yo. La otra mitad la cubrí con tu tarjeta de salario —admitió ella algo avergonzada—. Quería pagar todo por mi cuenta, pero después de hacer cuentas… me faltaba un poco.
—Tontita. Podrías haber usado mi tarjeta para todo —dijo él con el pecho oprimido. Ella siempre era extremadamente ahorrativa consigo misma, pero cuando