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Sofía no dijo nada, se quedó callada. Tenía razón, pero no quería seguir discutiendo con alguien que no le interesaba en absoluto cómo se sentía ella. Además, sabía que hacerlo solo sería perder el tiempo, no tenía más fuerzas para luchar por algo que ya no tenía sentido para ella.
Ni tenía escapatoria. Martha la sentó sobre la silla detrás de ella, aún frente al espejo, y tomó un polvo para esparcirlo en su hermoso rostro, ocultando un poco las ojeras y las imperfecciones que realmente no tení