Vi a Luca de pie en el borde del barranco, con los ojos encendidos de ira ardiente. En su mano, una pistola aún humeaba. Los tres hombres que habían intentado violarme cayeron al mismo tiempo, sus cuerpos yacían inertes sobre el suelo rocoso. Sentí sangre y saliva escurriendo por mi barbilla, mi cuerpo temblaba sin control y una náusea profunda se apoderaba de mi estómago.
Luca no perdió tiempo. Con movimientos rápidos y precisos, descendió por el barranco con una cuerda, llegando a mi lado en