KENDRA
Estoy agarrada de la mano de Kratos, un mafioso, lo que siempre he odiado, caminando por los corredores de madera rápida, logramos salir solo porque sus hombres se encargaron de los Voyevikis cuando estábamos adentro, por esa razón es más fácil, corremos por un corredor que nos lleva a la parte trasera de la enorme propiedad, el frío me cala hasta los huesos, pero no me importa, ahora mismo es lo que menos me interesa.
—Vamos.
Miro mi celular y recuerdo que con eso me puede localizar.