Rashad levantó su mirada hasta encontrar los ojos de su esposa. Ella respiró aliviada, no estaba molesto por sus tatuajes, su mirada era de admiración. A medida que él observaba cada diseño, Sara notó que la respiración de su esposo se volvía más superficial y el pulso que había en su cuello comenzó a palpitar. Sus ojos volvieron a los de ella.
―¿Te gusta? ―preguntó Sara con una sonrisa coqueta.
―Me gusta mucho―afirmó él con voz enronquecida ―¿Dolió?
―Más de lo que me esperaba, pero menos que v