Llegó el tan esperado día, los niños se iban a casa. Asad y Salma fueron conducidos en sillas de ruedas hasta la puerta del hospital, pero antes de salir, entre vítores del personal sanitario, cada niño tocó la campana de la victoria para anunciar que habían vencido la enfermedad. Sara y Rashad caminaban detrás de las enfermeras que empujaban las sillas y, por último, para cerrar la comitiva y cargados de equipaje, estaban Salím y Shaina.
Desde el momento en que había conocido a Asad y a Salma,