No había podido estar tranquila durante todo el camino. Los nervios y asiedad al saber que conocería a la madre de Alfredo me estaban haciendo sentirme mal.
Hace mucho tiempo no me sentía así, diría que ya no sabía cómo se sentian esos nervios.
El auto llega a un resinto privado, nos estacionamos, me ayuda a bajar y Hanna se estaciona detrás nuestro con una sonrisa.
Observo fijamente y hay varios carros estacionados.
“Más personas”
Alfredo baja un bolso de regalo del auto, toma mi mano y entra