No podía dejar de dar vueltas en la sala del hospital esperando una respuesta del estado de mi mujer y nuestro bebé.
Jimena llora a un lado en los brazos de Alfredo mientras mis padres tratan de tranquilizar a Anahí aún cuando ellos también están asustados.
Desde que llegamos no nos han dado respuesta alguna sobre su estado de salud y eso nos carga a todos con los nervios a mil.
—No puedo creer que esa mujer haya sido capaz de esto —Musita en gimoteos mi madre —. Es una demente.
—Alessio —Escuch