La expresión de Michael ni siquiera se alteró. Se mantuvo completamente inmóvil, con los ojos fijos hacia adelante en el suelo del estadio, como si no acabara de escuchar una historia de fantasmas.
—¿Tienes miedo de que te vea? —murmuró, las palabras saliendo lentamente de sus labios, con la voz perfectamente calmada.
—Sí —solté de golpe, la respuesta aguda escapando de mis labios antes de que pudiera detenerla. Inmediatamente bajé la barbilla, mirando fijamente mis manos temblorosas en mi