CAPÍTULO SETENTA Y UNO
PUNTO DE VISTA DE SELENE
Me desperté temprano, como siempre.
La habitación aún estaba en penumbra; la luz del amanecer apenas comenzaba a filtrarse por la estrecha ventana. Me incorporé lentamente, apoyando los pies en el frío suelo, anclándome en la tranquila rutina que se había convertido en mi refugio. El entrenamiento me esperaba. Siempre. Era el único lugar donde mis pensamientos no podían divagar demasiado, donde mi cuerpo exigía concentración incluso cuando mi cora