Lágrimas rodaban por las mejillas de Kara mientras esperaba lo inevitable con los labios apretados. Estaba casi segura que en algún momento no iba a poder luchar más. Los brazos que la inmovilizaban por detrás le agarraban sus propios brazos para que no pudiera moverse. La respiración grotesca que sentía en el cuello era como una burla, el hombre respiraba como si fuera mucho trabajo sujetar a una embarazada. Frente a ella, seguía Eira, intentando poner el recipiente dentro de su boca. En sus o