21. El roce de sus dedos
—Mikael —llamó Zoe con voz suave casi tímida al macho que estaba haciendo guardia frente a la celda del Beta.
Sus ojos verdes la recorrieron de arriba abajo antes de detenerse en su rostro y una sonrisa apareció al instante en su rostro.
—Zoe. Qué sorpresa verte por aquí tan tarde.
Ella bajó la mirada un segundo no tan segura ahora de lo que estaba a punto de hacer.
—Necesito... pedir un favor —susurró.
Mikael se acercó un paso y su aroma masculino llegó a sus fosas nasales.
—¿Qué necesitas, pr