Quizás...
Nuestras lenguas danzaban una sobre la otra, el sabor a café en su boca me derretía.
Sus manos recorrían mi espalda, desatando el cinturón de mi bata con una destreza que solo él poseía.
La tela se deslizó por mis hombros, dejando al descubierto mi cuerpo desnudo.
Pude sentir cómo su respiración se aceleraba al verme, como sus ojos se oscurecían con un deseo que había aprendido a reconocer y a anhelar.
Podía verlo en su mirada, esa era la única señal de halago UE recibía de él y ver al CEO anhe