Dos pequeños corrieron y subieron al auto, mientras que el tercero se quedó gritando, ya que no podía hacer lo mismo por la lesión en su pie.
—Tranquilos muchachos, hoy descansaremos y a partir de mañana nos pondremos manos a la obra para limpiar todo y dejar superhermoso y habitable la propiedad. ¿Qué les parece? —propuso su padre.
—Síiii. —Todos aceptaron.
—Óyeme tú, pensé que eras un hombre de traje y corbata que jamás se pondría un par de botas para andar en un rancho. —Se burló Valquiria c