Audrey apoyó la cabeza en el pecho de Nathaniel. Sus dedos trazaban líneas invisibles sobre él mientras dormía. Pero su mente estaba lejos, llena de pensamientos.
A pesar de lo mucho que deseaba la ayuda de aquella joven, no soportaba la idea de que su marido se volviera adicto a su cuerpo.
Tenía que recordarle que ella, Audrey, seguía allí.
Su única esperanza era que, una vez que Ariel quedara embarazada, Nathaniel dejara de verla. Y tan pronto como naciera el bebé, la enviarían lejos de inm