A pesar del repentino deseo que amenazaba con sacudir los cimientos del autocontrol de Nathaniel, todavía encontró la forma de salir de él.
Dejó que Ariel probara cualquiera de los vestidos que quisiera y eligiera sin límites.
La dependienta finalmente volvió a entrar tras un timbre y los vio a ambos listos, con numerosos vestidos esparcidos por el sofá. Eran los que Ariel había elegido finalmente con un poco de ayuda de Nathaniel.
Antes de que llegara la dependienta, él ya se había puesto de n