John se quedó sentado en la oficina, el vaso vacío frente a él y la botella de whisky a medio terminar. El licor había comenzado a hacer efecto, nublando sus pensamientos y aflojando las cadenas que lo mantenían en silencio.
Se levantó con dificultad, tambaleándose mientras se apoyaba en el escritorio. Su brazo inmovilizado en el cabestrillo parecía un recordatorio constante de su fragilidad, pero el dolor físico era nada comparado con el peso que llevaba en el pecho.
Con pasos inseguros, salió