—¿Estás bien?—cuestiono Emily, una vez que perdió a su suegro de vista. John no había reaccionado de la mejor manera, pero en vez de reclamarla su mala actuación, comprendió, a la perfección, el porqué John no había podido contenerse. Su padre había herido donde más le dolía a su hijo, su orgullo.
—Perdóname, yo no suelo ser así—expreso, temiendo que aquella escena le diera una mala impresión a Emily, quien parecía un poco asombrada y también desconcertada. Lo cierto era que esos besos que habí