Emily debía admitir que lo quisiera o no, la madre de Mila sabia vestirse muy bien y lograba que cada traje o vestido que portaba, se le viera tan sensual y llamativo en su cuerpo.
—¡Dios, Mila!—la sermoneo Alessandra mientras se aproximaba a las escaleras por donde ellos bajaban. Cuando el empleado puso la carriola sobre el piso con cuidado, Alessandra lo miro al bebé con curiosidad, ya que aquella primera vez, simplemente no había podido hacerlo adecuadamente debido a John— son tan tiernos m