—Dije que me la des—ordeno Emily sintiéndose culpable por gritarle, pero solo de esa forma Dorothy obedecío su orden y ella finalmente pudo entrar para después cerrar la puerta en la cara de Dorothy.
En la oficina no había nada del otro mundo, estantes con libros, seguro solo de decoración, puesto que, gracias a lo que John le había contado de Mila, Emily comenzaba a hacerse una idea de quién era en realidad y los libros no parecían ir muy bien con ella.
John había avanzado hasta un hermoso e