Sara se sentía cada vez más enamorada de Magnus, la atención con ella, su paciencia, sus palabras y acciones lo habían coronado como el mejor compañero que alguien puede tener en el mundo.
Cabía reconocer que él era hermoso, un hombre con una estatura de 1. 97 era un hombre elegante que tenia un cofre duro bien trabajado, unas piernas parecidas al de Cristiano Ronaldo, atlético y varonil, siempre vestido en traje de negocios, nunca se le había podido disfrutar de la vista de ese cuerpazo atléti