El auto se pone en marcha y Antoine conduce hasta Los Feliz Café, uno de sus lugares preferidos en Los Ángeles, y donde desayuna todos los sábados.
El trayecto es muy corto, así que no hay tiempo de charlar.
Optan por sentarse en una de las mesas que se encuentran fuera del establecimiento y así poder disfrutar de la bella mañana soleada. Un joven caballero se acerca a ellos en cuanto toman asiento, deja un par de menús sobre la mesa y se retira.
—¿Acá venden Waffles? —inquiere ella, tomando la