37| Dos almas rotas.

Clarissa se quedó medio paralizada en la entrada de la casa y Emanuel le apartó la mirada, luego se puso de rodillas y estiró las manos para que Maxwell viniera a él y el niño se zafó de las manos de su madre para abrazar al hombre.

— ¿Qué pasa? — preguntó ella, pero Emanuel no contestó.

Tomó al niño por los hombros y lo apartó para que lo viera a la cara y le despeinó el cabello.

— Comportate — le dijo él y el niño estiró la manita y le acarició la mejilla a Emanuel.

— ¿Te volveré a ver? — le
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