CAPÍTULO 23. CONFESIÓN RECHAZADA

La besé con pasión y acaricié su espalda, luego recorrí su cuello y la chupe dejando una marca en su cuello. Ella me recriminó de inmediato —¡No hagas eso! Me vas a dejar marcada y la gente hablará.

—No me importa Camil, así todos sabrán que estás comprometida y que eres mía, no quiero que nadie te vea —. Expresé con posesión bajando mi boca hasta capturar uno de sus pezones y mordisquearlos, ante un gemido de protesta de ella.

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