Cassius terminó de discutir negocios con los terceros miembros y, en cuanto se marchó, el hombre sonrió con sorna.
—Crees que soy así de fácil de engañar.
—Crees que puedes pasar por encima de mí para escalar la escalera social.
—Apuesto a que no sabes cuánto me desagradas.
Detuvo la grabación.
—Este es solo el comienzo de tu caída, Cassius Devon.
La reprodujo y todo estaba intacto. Sonrió; a esto se le llamaba caer en la trampa que uno mismo construye. Cassius no esperaba que el hombre al que