—¿Y este lugar? — preguntó Rosa al ver la mansión tan linda.
—Mi nuevo hogar — le dijo Milo con una sonrisa. Rosa abrió los ojos de par en par.
—¿Y qué hago yo aquí? Si la bruja de Sabira me ve me va a echar a patadas, y hoy no quiero empañar mi felicidad. — Milo abrazó a la anciana.
—Sabira no te va a echar, primero porque es mi casa no de ella y segundo porque yo vivo solo aquí — Rosa lo miró sorprendida.
—¿Qué has dicho? — no quería hacerse ilusiones.
—Ven, quiero que te sientes — Milo