Con los ojos muy abiertos, Enzo se removió en la cama de un lado a otro, sin poder conciliar el sueño. Miró la hora desde su teléfono, y notó que eran las once de la noche.
Y aunque su día había sido difícil, la euforia por lo que había vivido con Gianna, lo mantenía alerta, si, poder cerrar sus ojos, o sacarla de su mente por un minuto.
Se sentó en la cama y aspiró el aire. Solo tenía una sudadera puesta cubriendo sus piernas, ya que por lo general dormía sin camisa.
Caminó por la habitación,