El helicóptero aterrizó en una playa privada, propiedad de Cristopher, cerca de Coney Island Beach, para que Samantha no se sintiera incómoda, porque a veces tenían que proporcionarle oxígeno, y las marcas de su piel definitivamente iba a llamar la atención de otros niños.
Por eso había preferido la privacidad.
Todo su equipo se ocupó de dejar sus cosas en la cabaña lujosa frente al mar, y unas mujeres se encargaron de la comida especial de la niña y de los que estarían presente durante el día