Las personas empezaron a llegar. Esto no sería una celebración cualquiera; había muchas personas, y las que faltaban, según escuché a Mariano comentar.
La morena no me quitaba la vista de encima. Yo estaba que me levantaba de mi asiento y le preguntaba qué era lo que quería de mí.
Miré a Mariano, que estaba entretenido en su celular, y le pinché el hombro con mi dedo. Él me miró inmediatamente.
— ¿Qué pasa?
Me preguntó, prestándome atención a mí y dejando de lado su celular. Luciano estaba con o