El viaje en avión no fue para nada corto, sentí como si hubiera viajado por días. Cada vez que el avión hacía un ruido extraño, miraba a Luciano. ¡Él en todo momento tenía una expresión de serenidad que yo no tenía! Cuando por fin aterrizó, le agradecí a todos los dioses. Al menos estaba viva y lista para seguir peleándole a Lucifer.
Cuando subimos al coche que nos iba a llevar a nuestro destino, miré la cara de Luciano.
— ¿Crees que le guste a tu familia? — le pregunté con curiosidad.
— No lo s