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El peso de Karina sobre mi pecho era tan reconfortante, me sentía más vivo que nunca, creo que jamás había sido tan feliz como ahora.

— ¿Bebé estás despierta? — Le pregunté.

Karina se removió en mi pecho, yo no quise molestar y me levanté despacio de la cama.

Me puse un pantalón de gimnasio, una camisa de algodón y zapatos comodos y fui a la cocina.

Los dos perros empezaron a ladrar, yo les puse una corre a cada uno y los saque para que hicieran sus necesidades.

Camine con ellos en el parque qu
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