EN MANOS ERRADAS

Capítulo 134

Amelia corre a mis brazos, me abraza con fuerza y amabilidad, dos cosas que nunca pensé sentir de ella.

—¿Qué haces aquí?

No lo podía creer. Desde la guerra no sabía nada de ella. Mi padre, Diego, la había castigado después de su traición, y ella había escapado.

—Me casé, tengo una cachorra de Kaleb y le pedí perdón a mi padre. Por eso llegué hasta ahora.

Respondí a ese abrazo, queriendo creer que por fin me aceptaba en su vida como nunca lo hizo y que su Kaleb nos unía. Yo lo acep
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