Capítulo 110
El aire entre Alex y yo se volvió pesado, como si el tiempo se hubiese detenido, me miró con incredulidad, sus ojos oscuros y llenos de dolor. Por un segundo deseé poder deshacer lo que acababa de suceder, pero la verdad ya estaba al descubierto, flotando como un veneno en el aire.
—¿Era él? —preguntó Alex, en voz baja, con el rostro sombrío. No necesitaba responderle; la culpa en mis ojos lo confirmaba todo.
Dio un paso atrás, como si mi confesión lo hubiera golpeado en el pecho.