CAPÍTULO 26: PEQUEÑA DESCARADA.
CAPÍTULO 26: PEQUEÑA DESCARADA.
—¿Artem? —susurró Liana, asustada y confundida.
Los ojos de Artem, oscuros y aún desorientados, la miraron con intensidad, como si estuviera atrapado entre el sueño y la realidad. La tensión en su cuerpo era palpable, y Liana sintió cómo su propio corazón latía aún más rápido, no solo por el miedo, sino por la intensidad del momento.
Liana sonrió, aliviada al ver que los ojos de Artem estaban abiertos, mirándola fijamente.
—Gracias a Dios, ya empezabas a asustarme