CAPÍTULO 111: SIGUE MI JUEGO.
CAPÍTULO 111: SIGUE MI JUEGO.
En el balcón de la imponente mansión, las luces de Palermo brillaban a lo lejos. André dejó salir lentamente el humo de su cigarrillo, observando el resplandor en el horizonte, aunque su mente estaba concentrada en la conversación. A su lado, un hombre anciano, de unos setenta años, sostenía un puro entre sus dedos, mirándolo con ojos agudos y calculadores. El anciano era don Salvatore Ricci, uno de los mafiosos más antiguos y poderosos de Italia, un hombre que hab