Me sujetó del rostro, antes de besarme con desbordante pasión. Suspiré en sus labios, y fue inevitable que mis brazos rodearan su cuello. Le devolví el beso sin pensarlo, solo reaccionando a su tacto, como siempre.
—Dilo, ¿me amas aun? —insistió tirando sutilmente de mi labio inferior—. ¿O te casaras con ese chico como amenazaste?
Me pegué a él, sintiendo los irregulares ladrillos del muro a mis espaldas. Lo amaba, claro que sí. Él era mi esposo, el hombre que me había salvado de una vida mi