Mundo ficciónIniciar sesiónEl sonido metálico de las bolsas plastificadas dejó de resonar en el suelo mientras entrábamos. Tomé un paquete de hielo del congelador —bendito servicio a domicilio, hasta el hielo salvador había llegado— y me acerqué para colocarlo sobre el ojo morado del muchacho.
—¿Cómo te llamas? —pregunté, más por mantenerlo distraído que por mera curiosidad, aunque debo admitir que empezaba a intri






