25. LA NIÑA.
Eran las 8 de la noche, mi rutina era muy estricta en casa y debía ir a la cama, no solía llevarme bien con mamá que siempre estaba al pendiente de todo lo que pasara con Stan. Y mi padre y yo éramos unidos, pero él siempre estaba ocupado en cosas del trabajo. Muchas veces por allí me sentía demasiado sola, de no ser por mi hermano.
—Hoy viene —dijo mi padre con voz cansada.
—Te dije que no lo quiero ver aquí.
—Sólo viene a visitarnos. Es mi hermano —Stan y yo nos miramos, porque no teníamos