ELENA
Christian gruñó; su cuerpo absorbió el golpe con una exhalación brusca, pero aun así no respondió. Podría haberlo hecho. Tenía ventaja, pero no lo hizo.
Los ojos se mantuvieron clavados en Jax, completamente tranquilos.
El corazón me golpeó contra las costillas y sin pensarlo me lancé entre los dos, metiendo el cuerpo en el angosto espacio que separaba a los dos hombres que alguna vez fueron más que hermanos.
—¡Jax, para! —grité, agarrándolo del brazo con las dos manos, las uñas hundiéndo