Albert observaba la figura del señor Lloyd alejarse, con una leve sonrisa irónica asomando en sus labios. La reunión que habían planeado era crucial, pero el señor Lloyd no había dicho ni una palabra sobre el motivo de su cancelación repentina ni sobre los pasos a seguir. ¿Cómo iba a explicar Albert este cambio tan inesperado a todos los que esperaban dentro? La sola idea lo dejó con una sensación de impotencia y frustración.
Resignado, Albert regresó a la sala y anunció: —«El señor Lloyd tiene