—de mis hijos me encargo yo, gracias, por tu generosidad— habla sarcástico al percibir la manipulación de Irene
—¡Espera...!— ella se acerca posando sus manos en los brazos formados de Lisandro. Su deseo por él es demasiado y añora que él la haga suya
—Irene, no más— se gira tomándola de las manos quedando frente a frente —no puedo seguir contigo, estoy perdiendo a Caroline y no pienso perderla ni a ella ni a mi hijos. Tú no me amas, solo tienes una obsesión y te has dejado manipular por mi ma