—Berenice, estás alucinando. Andrea y yo no somos nada y mucho menos es una agente, solo es una simple sirvienta con la cual tengo una amistad
—¡Mientes!— espeto y camina hacia su armario donde saca su arma pequeña con silenciador y luego apunta a su esposo sin que le tiemble la mano
—¡mujer no cometas una locura!— Octavio camina lentamente hacia la salida de la habitación
—Luego de matarte a ti, iré por Andrea— sonríe —no sabes cuanto esperaba esto y como soy tan astuta para lavarme las