—Lisandro, hijo, por favor, hablemos…
—Berenice, ya no más. Quiero que no digas ni una sola palabra porque yo he tomado una decisión—, espetó con firmeza.
—Perfecto, señor Caristeas—, habla el abogado, al saber que está dispuesto a ceder a las peticiones de su cliente Georgiou.
—Al despacho, por favor. Sígame, abogado. Lamento el escándalo—, señala hacia el pasillo que conduce hacia el despacho. Para Berenice, es una gran humillación bajar de rango luego de ser de la alta sociedad. Siente odio