Raihan se relamió los labios cuando la vio acomodarse de aquella manera sobre el colchón. La curva de su espalda arqueada, la forma en que sus caderas se elevaban hacia él y la visión completa de su cuerpo lograron encender todavía más el fuego salvaje que llevaba dentro.
Sentía la piel arderle de deseo. Sus ojos resplandecían en llamas mientras observaba la abertura entre sus nalgas. Era una vista demasiado tentadora.
Se inclinó hacia ella despacio, dejando un beso sobre la piel de su glúteo.