C186: UNA HORA.
Los párpados de Somalia se abrieron desmesuradamente, la respiración quedó suspendida en su pecho y sus labios permanecieron entreabiertos. Toda su atención quedó atrapada en aquel niño.
Era Nathan. Era su cachorro. Era su hijo. Ya no era el bebé diminuto que había tenido que dejar atrás; había crecido, aunque solo fuera un poco. Se veía más grande, más despierto, con el rostro más definido y la expresión mucho más viva.
Somalia permaneció quieta. El impacto era tan inmenso que comenzó a pregun