Zachary permaneció estático durante unos segundos, todavía desconcertado por todo lo que acababa de ocurrir.
Tenía la mano con sangre después de tocarse la herida de la cabeza y aún le resultaba difícil asimilar que Somalia hubiera sido capaz de llegar tan lejos.
La observó fijamente, alternando la mirada entre la sangre que cubría su palma y el rostro enfurecido de ella, hasta que finalmente habló con indignación.
—¿Qué...? Mira lo que acabas de hacer, ¡me abriste la cabeza!
Somalia ni siqu